Defendamos la Democracia

Estamos a 8 semanas de llevarse a cabo la elección presidencial, donde el constituyente primario va a tomar la decisión crucial para definir el rumbo de la democracia de este país, o si prefiere el totalitarismo como lo vienen pregonando algunos sectores de la oposición. El domingo 29 de mayo próximo será decisivo para el futuro de las instituciones democráticas, dados los resultados obtenidos en las pasadas justas electorales, que generaron una incertidumbre entre todos los sectores políticos por la forma como se han desarrollado los escrutinios, porque han generado dudas desde el preconteo, para determinar de manera definitiva la composición del Senado de la República. Todos sabemos, lo que está en juego, no es solo el avance hacia la fase más definitiva de la campaña por la presidencia, sino también la importante obligación de escoger a un Congreso que garantice la defensa de los valores de nuestra democracia y encare las responsabilidades políticas, económicas y sociales de los próximos cuatro años.

Lo anterior es sano para la reactivación económica, y para la consolidación de la democracia de este país. No podemos dejar que este país, llegue a los extremos como ocurre en otros países como Venezuela, Nicaragua, Cuba, entre otros, donde el empobrecimiento y el atraso económico está a la orden del día. Para el sector empresarial, es bastante preocupante porque amenaza seriamente el desarrollo y crecimiento de las organizaciones privadas. Inclusive la inversión extranjera, se puede ver disminuida y amenazada por el accionar de un estilo dictatorial, que no le va a garantizar los mecanismos jurídicos para su estabilidad y desarrollo.

Hay que seguir con la senda del crecimiento que presentó la economía en el 2021, considerado uno de los más altos de América Latina. No se debe dar por sentado y requiere tanto de decisiones de los sectores público y privado como de la confianza de empresas y consumidores. Para mantener esa senda de reactivación, prerrequisito para crear empleos y reducir la pobreza, se necesita blindar esas políticas del ruido electoral, avanzar en mitigar la inflación y mantener esa visión optimista.

Por otro lado, está el gobierno nacional y las autoridades electorales que deben garantizar total transparencia en el desarrollo de las elecciones presidenciales. Atrás deben quedar esos ruidos del pasado. Los colombianos creemos en las instituciones democráticas del país. No se pueden permitir el cometimiento de delitos electorales y de otras clases de conductas que vayan en contravía del sano ejercicio ciudadano del sufragio.

El sector empresarial, que es el mayor generador de empleo del país, está a la expectativa de lo que pueda ocurrir en las elecciones presidenciales. Está en juego la posibilidad de contar con una pieza clave del engranaje democrático funcionando de manera eficaz y virtuosa. En una coyuntura como la actual, de reactivación y urgencia por mantener el crecimiento económico, pero también de reivindicaciones sociales que permitan avanzar en la reducción de la desigualdad, es fundamental contar con un gobierno idóneo. Debe ejercer con responsabilidad su función en el diseño institucional y actúe como un guardián del sistema de libertades. En ese sentido, vale la pena reiterar los riesgos de elegir a quien ha cimentado su campaña con promesas dudosas y propuestas populistas que solo siembran incertidumbre sobre el futuro de la sociedad colombiana.